La empresa periodística.

La empresa burocrática vs. La periodística.

La conducción carismática.

Natalio Botana en Crítica.


 

 

 

 

 

 

 

Conceptos generales y definición.

Toda empresa tiene una función o un rol que cumplir. De hecho, los teóricos le llaman “misión” al objetivo que justifica la existencia de la misma. Hay un sentido innato del lucro, en el cual se busca obtener un beneficio en función de una inversión original.

En otro tipo de rubros, ello quedo mucho mas claro.

Dentro de su razón de ser está el de obtener dinero a través de la venta de algún producto o servicio. Las organizaciones sociales, también definidas como empresas, escapan un poco de ello, ya que lo buscado puede muchas veces estar más cerca de la razón de ser de las organizaciones sociales. Las empresas periodísticas pueden estar un poco en cada uno de estos estamentos. Un medio puede buscar un rédito desde el punto de vista contable, pero también puede ser un buen “negocio” aunque los egresos superen a los ingresos.

Esto se explica fácilmente cuando la intención es la de transmitir una ideología (aunque esta sea de ecología o política) y el beneficio está solo en generar un cambio en la sociedad. Esto explica que el periodismo sea la mas política de las profesiones. Durante siglos, el periodista y el político iban permanentemente asociados. De hecho, la profesión dominante entre los dirigentes del siglo XIX era esa. En la actualidad los abogados ocupan ese espacio (debido a la judicialización del manejo de lo público).

Esto pone en crisis el pretender que el periodismo independiente sea una realidad. Podemos hablar de profesionales o empresas autónomas, pero no necesariamente (y de hecho no lo son) independientes. Siempre existe dependencia de una subjetividad, ya que en la información la neutralidad u objetividad es una pretensión pero no una realidad concreta.

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La empresa burocrática
vs la empresa periodística.

La empresa periodística convive con una parte de sí que podemos llamar burocrática, en la cual poco se diferencia de cualquier compañía, ya que tiene gerencias dedicadas a lo administrativo/fiscal y a lo específicamente contable. Aquí, los recursos humanos se manejan de una forma diferente a la de la otra parte, la periodística, que más allá de convenios colectivos y leyes profesionales derogadas, tienen códigos diferentes.

Muchas veces las empresas pueden estar manejadas por alguien que no pertenece al oficio, pero seguramente delegará dentro de su estructura la elaboración final del producto a alguien con experiencia en el ramo. La medición de riesgos y apuestas editoriales son mas fácilmente comprendidas por quienes se desempeñan en el periodismo, ya que muchas veces no coincide con los manuales básicos de la administración de empresas. Una primicia o una repercusión inesperada de alguna nota pueden cambiar la suerte de una entidad en horas como raramente pueda ocurrir con una del gremio industrial o de servicios.

El periodista es un profesional que ve su campo de desarrollo permanentemente invadido por otras especialidades. Abogados, psicólogos, sociólogos, politólogos o publicitarios incursionan en las redacciones con una libertad que rara vez se puede realizar en sus áreas. Esto habla de una depreciación del oficio, que tiende a cambiar en función de los 25.000 estudiantes universitarios en carreras como las de Ciencias de la Comunicación. Este empuje permitirá que en pocos años sea natural implementar un marco profesional regulatorio que proteja el desempeño de un rol altamente desequilibrante en la sociedad. Quién no vea en la comunicación algo tan determinante como la administración de la salud o la justicia estará errando lo que implica la emergencia de la sociedad del conocimiento.

Los medios de comunicación son un eje clave de las estructuras ciudadanas modernas, y justamente la prensa es considerada un ariete imprescindible de la libertad en democracia. Por ello, se debe tomar en cuenta la importancia trascendental de la presencia de profesionales en el ejercicio de la misma.

Una empresa periodística básicamente se puede dividir en departamentos, aunque cabe aclarar que la existencia de los mismos depende de la cantidad de integrantes de la compañía y del tamaño de la misma. Un modelo elemental podría componerse de los siguientes departamentos:

*) Gerencia General y Editor responsable.

*) Director de Publicidad.

*) Gerencia de recursos humanos.

*) Distribución, Emisión y/o venta, Edición e Impresión, móviles, etc.

*) Redacción.


 

En la Gerencia General, pueden estar el Editor responsable, el Jefe de Redacción, el director de publicidad, el Gerente de recursos humanos, el Jefe contable y el responsable de Ediciones especiales. La cantidad de integrantes depende del tamaño de la empresa, ya que es algo muy variable ya se trate de una pequeña publicación o bien de un holding multimedia.

La Dirección de Publicidad incluye la venta de avisos con toda la gama de posibles negocios que ello permite, puesto que el trato con los anunciantes puede abrir el espacio a manejar sus campañas, realizar eventos o publicaciones y/o programas especiales.

Otro de los departamentos es el del manejo de los recursos humanos, donde una de las áreas, la que componen específicamente los periodistas depende de las designaciones del departamento específico de redacción.

El denominado departamento técnico o de soporte (denominado también logístico) se ocupa de la parte off-contenidos, donde quienes intervienen permiten que el producto llegue a la audiencia superando los diversos estadios de elaboración mas allá de la elaboración de la información.

Y la redacción. Aquí se encuentra el nudo central que determinará la suerte del producto. La línea editorial nace desde los profesionales periodísticos, quienes a su vez deben adaptarse a los intereses de los propietarios del medio. A este espacio pertenecen también los departamentos de fotografía y archivos, ya que dependen del secretario de redacción en cuanto al material a usar.

Cabe acotar que cada día se ve profesionales con mayor grado de capacitación, no ya solamente en el rubro periodístico sino en el de manejo del marketing y la administración. Eso le permite al ejecutor de la actividad una mayor cosmovisión de la integralidad del “negocio”.

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La conducción carismática

Los medios de comunicación tienen particularidades que los ubican en otro espacio distinto al de cualquier empresa. No solo respetan los cánones centrales de la gestión, sino que además poseen ribetes que los que no pertenecen al gremio jamás se han puesto a pensar. Uno de ellos es la simbiosis que muchas veces se produce entre estructuras complejas de hasta cientos de empleados y millones de facturación con su dueño o creador.

El periodismo argentino está lleno de este tipo de casos, aunque cabe aclarar que lo mismo ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos, donde la tendencia a la personalización se traslada a la aceptación del producto. Por ello, podríamos mencionar casos paradigmáticos tales como Bartolomé Mitre (La Nación), Jaime Yankelevich (en LR3 Radio Belgrano), Héctor Ricardo García (Crónica), Alejandro Romay (Canal 9), Julio Ramos (Ámbito Financiero), Daniel Hadad (Radio 10) y Marcelo Tinelli (AM Del Plata). Por cierto que el ramillete de casos es varias veces mas amplio, pero hemos enumerado los mas recientes para que los recuerden rápidamente. El mas característico es Natalio Botana, fundador de Crítica.

Cabe acotar que hablamos de dueños y no de empleados famosos o rutilantes, ya que de esa forma necesitaríamos varias enciclopedias solo para enumerarlos.

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Natalio Botana en Crítica.

Utilizando criterios de ejemplo, seleccionamos un caso típico de conductor carismático. Sería inútil hacer una acumulación de casos plagados de coincidencias sutiles.

En 1913, Natalio Botana, un conocido personaje de la noche porteña (aunque uruguayo de nacimiento) lanza un periódico que cambiaría el periodismo de tal forma, que casi un siglo después sigue siendo imitado no solo por publicaciones gráficas sino también por emisoras radiales y hasta por canales de televisión. Crítica renovó no solo el diseño sino fundamentalmente la temática de sus ediciones. El populismo patriótico al que apelaba, no solo era un mandato de la época (en la que recién se salía de los pomposos festejos del Centenario) sino que respondía a una necesidad de aferrarse a una comunidad de pertenencia en un contexto de inmigrantes que dejaban atrás una Europa humeante por la Primera Guerra Mundial. Aunque profesaba su adhesión a la democracia, no dudó en apoyar el golpe de estado contra Hipólito Irigoyen.

Cabe acotar que no existían ni la radio ni la televisión y las progresistas clases bajas no accedían al centro, por lo que el diario se convertía en una verdadera ventana al mundo que se consumía con fruición. El canillita que voceaba las noticias en las esquinas era un auténtico boletín informativo que incitaba a la compra del ejemplar. No existían los puestos de diarios con ubicación regulada por un sindicato tal como lo vemos hoy en día, por lo que la venta callejera tenía mucho de patoteril y hasta mafioso. Los “dueños de la parada” vendían la publicación que les diera mas comisión, ya que el precio era estable pero libre al mismo tiempo.

La ética no siempre ocupó un espacio preponderante, pero Botana entendió a la población, que se deleitaba con las noticias policiales que ponían en tapa y las historietas del suplemento de retro grabado, algo que los otros diarios mostraban prurito en incluir. No tuvo empacho en regalarle pelotas o muñecas a los mejores promedios de las clases en los colegios estatales, de la misma forma que no dudó en donarles un avión de combate a los republicanos en plena guerra civil española.1 Cuentan los relatos de época que muchas veces sorprendió a influyentes hombres de la escena pública en actitudes privadas que no hubieran sido toleradas por la sociedad de aquel entonces. De allí se valía para la obtención de prebendas o primicias que redundaban en importantes beneficios económicos al momento de vender ejemplares.

Los títulos catástrofe2 fueron adoptados incluso por otras publicaciones que tomaban a lo bélico como eje del interés público. Aunque las guerras estaban lejos en el mapa, la condición de nación cosmopolita le confería a Buenos Aires un inquieto periscopio de la realidad mundial.

Botana, que vivía desde el mediodía hasta la madrugada, manejaba Crítica como un estanciero, recorriendo la redacción y citando a su despacho a todo aquel al que quisiera consultar. No era que mantuviera las formas, sino que en más de una oportunidad de su despacho salían noticias tras colgar el teléfono con un ministro o comisario al otro lado de la línea. En más de una oportunidad el diario fue la herramienta de extorsión que le abrió a Botana la posibilidad de manejar a su voluntad favores propios y ajenos. Cuando unos desocupados se acercaban al diario pidiendo trabajo, el levantaba el teléfono y les conseguía algo a cambio de algún sospechoso silencio. Luego, aparecía la foto de los nuevos empleados que le agradecían al diario. Evidentemente era otra época, en la que no abundaban los desempleados estructurales.

El conductor de este periódico, que llegó a tirar 800 mil ejemplares, murió en 1941, por lo que no se cruzó con Perón. Nadie sabe qué hubiera ocurrido ni donde podría haber terminado. ¿Enfrentamiento o alianza invencible? De hecho, Crítica había puesto en evidencia la existencia de una capa social sumergida pero inquieta, que apenas unos años después supo conducir el joven coronel.

En sus páginas escribieron Roberto Artl y Jorge Luis Borges, pero siempre fue “el diario de Botana”, que no pudo superar su desaparición física. Sin su dueño, desapareció poco tiempo después dejando un espacio que pretendieron (y de hecho lo hicieron) ocupar el flamante Clarín de Roberto Noble, La Razón conducida por Félix Laiño y su mas dilecto sucesor, el Crónica de Héctor Ricardo García.

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1 Saítta, Sylvia. Regueros de Tinta, El Diario Crítica en la década de 1920. Buenos Aires. Sudamericana. 1998. Esta es una de las mejores versiones de investigación histórica respecto a este periódico paradigmático en la historia del periodismo argentino.

2 Título catástrofe es un nombre que se le da a titulares con gran tamaño (cuerpo) de letra. Generalmente son tipografías utilizadas para eventos deportivos, policiales, políticos o bélicos.